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Lectio Divina Dominical XXVII del Tiempo Ordinario Ciclo B

«Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»

Hno Ricardo Grzona, frp
Cristian Buiani, frp

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PRIMERA LECTURA: Génesis 2, 18-24
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 127
SEGUNDA LECTURA: Hebreos 2, 9-11

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICOMarcos 10, 2-16

10,2: Llegaron unos fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron:
—¿Puede un hombre separarse de su mujer?
10,3: Les contestó:
—¿Qué les mandó Moisés?
10,4: Respondieron:
—Moisés permitió escribir el acta de divorcio y separarse.
10,5: Jesús les dijo:
—Porque son duros de corazón escribió Moisés semejante precepto. 10,6: Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer, 10,7: y por eso abandona un hombre a su padre y a su madre, [se une a su mujer] 10,8: y los dos se hacen una sola carne. De suerte que ya no son dos, sino una sola carne. 10,9: Así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
10,10: Una vez en la casa, los discípulos le preguntaron de nuevo acerca de aquello.
10,11: Él les dijo:
—El que se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio contra la primera.10,12: Si ella se divorcia del marido y se casa con otro, comete adulterio.
10,13: Le traían niños para que los tocase, y los discípulos los reprendían.
10,14: Jesús, al verlo, se enojó y dijo:
—Dejen que los niños se acerquen a mí; no se lo impidan, porque el reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
10,15: Se los aseguro, el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
10,16: Y los acariciaba y bendecía imponiendo las manos sobre ellos.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Este es el vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario, y la liturgia nos sigue conduciendo por el Evangelio de San Marcos. Claramente están expresados en esta lectura dos relatos. Uno sobre el matrimonio y el divorcio, y otro sobre Jesús y los niños.

Todo comienza con una pregunta de los fariseos. “¿Puede un hombre separarse de su mujer?”. Dice el Evangelio que los fariseos preguntaban para ponerle pruebas al Señor. Es decir deliberadamente intentaban hacer que Jesús se equivoque, o que diga algo que este por “fuera” de la Ley, para poder condenarlo.

Jesús no da primeramente una respuesta, sino que les hace recordar lo que dijo Moisés sobre el tema en cuestión. Moisés había permitido el divorcio en algunos casos, y esto era algo conocido por los judíos. Pero Jesús va más allá, indicándoles que si Moisés se los permitió era por la dureza de sus corazones. Jesús cita el libro del Génesis, para recordar la creación del hombre y de la mujer como obra de Dios, y sobre el fin último de estos, siendo llamados a ser una sola carne. Jesús además agrega, “que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.

Luego, cuando volvían a casa, la pregunta vuelve a repetirse, esta vez no son los fariseos quienes la realizan sino sus discípulos. Seguramente querían saber más  y comprender mejor acerca de sus palabras. En este caso Jesús explica de que modo un hombre o una mujer comete adulterio, y deja en claro cual es su enseñanza acerca del matrimonio. Si recordamos la pregunta original de los fariseos, era acerca de si un hombre se separaba de su esposa, y no viceversa. Jesús va más allá, en su respuesta pone a la mujer a la misma altura que el hombre ante la Ley. Las mujeres por estos tiempos al igual que los niños, eran consideradas inferiores, y el peso de la ley recaía más fuerte sobre ellas. Esto es un gran avance porque tanto el hombre como la mujer pueden cometer el adulterio. Esta igualdad del varón y la mujer frente a la ley es un paso muy importante para el mismo desarrollo del cristianismo y lo que aportó a la sociedad: La Igualdad.

En la segunda parte del relato, se le presenta a Jesús unos niños para que lo tocara. Jesús acostumbraba tocar a los niños imponiéndoles las manos e implorando la bendición sobre ellos. Los discípulos al ver el gesto de Jesús para con los niños, los reprenden. Aquí volvemos a lo anterior, ciertas actitudes de los judíos se habían vuelto escenarios culturales, costumbres generalizadas, entre ellas el desprecio por los niños, ellos figuraban como los menos importantes en la comunidad.

Jesús reprendido a sus discípulos y se enoja. Pocas veces el Evangelio nos cuenta este sentimiento, pero cuando lo hace nos da una categórica razón. “Dejen que los niños se acerquen a mí, y no se lo impidan porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos”. Es asombroso ver la importancia  que Jesús atribuye a los niños. Es que en la infancia los valores humanos, y espirituales se conservan íntegros, es allí que los niños son la mejor imagen de la humildad, la sencillez, y de la pureza. Por lo tanto se debe ser como ellos, intentando y buscando imitar siempre las cualidades que los identifican. 

La bendición junto con la imposición de manos es un signo de cercanía y aceptación.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Quiénes son lo que se acercan a Jesús, y qué le preguntan? ¿Con qué intención lo hacen?
  2. ¿Cuál es la respuesta de Jesús? ¿Qué había dicho Moisés sobre esta cuestión?
  3. ¿Por qué dice Jesús, que Moisés les permitió en algunos casos el divorcio?
  4. ¿Qué dice Jesús sobre la creación del hombre y de la mujer? ¿A que están llamados a ser?
  5. ¿Qué es lo que el hombre no debe separar, dice Jesús?
  6. ¿Quiénes son los que les vuelven a preguntar sobre el tema del divorcio?
  7. ¿Qué dice Jesús que pasa con aquel que deja a su esposo/a, y se vuelve a casar?
  8. ¿Al llevarle niños para que fueran tocados por Jesús, como reaccionan los discípulos?
  9. ¿A quién hay que parecerse para entrar en el Reino de los Cielos?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios  en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. ¿Qué significa para mí el Matrimonio? ¿Es un simple acontecimiento social y cultural, o resulta ser algo mucho más importante?  ¿Comprendo su trascendencia al ser instituido y querido por Dios como sacramente? ¿En el entorno en el que vivo, que dice la sociedad sobre el matrimonio? ¿Es valorado? ¿Y yo, lo valoro? ¿Que digo sobre él, lo defiendo?
  2. ¿Acepto las enseñanzas de Jesús, que se traducen en las mismas enseñanzas de la Iglesia sobre la Familia, y el Matrimonio? ¿Suelo caer en la duda,  aceptando las verdades a medias, o interpretando las enseñanzas a mi parecer? ¿Comprendo verdaderamente que todo lo que Jesús nos enseña es para nuestro bien, y felicidad?
  3. Si el Matrimonio es mi vocación, ¿me preparo dignamente a vivir este sacramento que Dios me regala? ¿Cómo? ¿Qué debería mejorar y cambiar para llegar a ser una familia cristiana, que crezca en virtudes? ¿Dejo que la Palabra de Dios, ilumine mi noviazgo, matrimonio o familia?
  4. Si estoy a cargo de formar a los futuros matrimonios y jóvenes para esta vocación, ¿Tomo conciencia que estoy formando para “toda la vida”?
  5. ¿Qué me dice a mí las palabras de Jesús “dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos”? ¿Cuáles son las cualidades, y virtudes que observo en los niños? ¿Entonces en que me falta a mí ser como “niño? ¿Me comprometo a hacerlo? ¿Comprendo que siendo como “niño”, es de la forma en que podré entrar al Reino de los Cielos?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

 Señor, que no busque el poder
para que ningún poderoso pueda hacerme daño.
Que no ambicione riquezas,
así jamás me sentiré amenazado por la miseria.
Que no corra tras los honores,
para poder convertir toda humillación en humildad.
Que no me compare con nadie
así seré feliz con lo bueno
que hay en mí mismo.
Que no me deje invadir por la prisa,
así encontraré tiempo para todo lo necesario.
Que no sea esclavo de la eficacia,
así podré dar el fruto que los demás esperan de mí.
Que no me enrede en la competitividad,
así entraré en comunión
con lo bueno que hay en todo.
Que sepa vivir a fondo el momento presente,
así seré dueño absoluto
del pasado y del futuro.
Que sepa aceptar el fracaso en mi vida,
así libraré mi vida de todo frustración.
Señor, que sepa vivir para el AMOR,
así el AMOR estará siempre vivo en mí.

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.

Añadimos nuestras intenciones de oración y decimos:

Amén.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo  del  Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

Repetimos varias veces esta frase del Evangelio para que vaya entrando a nuestro corazón:

«Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»
(Versículo 9)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Hoy el Señor me invita a ser “luz” en mi casa, para iluminar tantas situaciones que necesitan de su presencia. Intentando vivir siempre la enseñanza de Jesús en mi vida, ya sea en el noviazgo, en el matrimonio o en la familia, proponiéndome fortalecerme día a día, en una virtud en la cual este fallando. Voy a ayudar a amigos que están en su vida de noviazgo para que se preparen seriamente y les dedicaré tiempo para enseñarles a orar.

En el grupo, nos comprometemos a ser una comunidad marcada por el signo del amor de Dios. Para ello nos proponemos formarnos en este tiempo especial en temas referidos a la Familia, al Matrimonio, y a cuantas problemáticas están referidas a ellas. Para que, como Iglesia sepamos conocer lo que enseñamos, y poder abordar  y ayudar con una presencia cercana y misericordiosa a quienes vivan en el error.

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